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CIUDAD DE MÉXICO.— Con las mesas de negociación todavía tibias, México y Estados Unidos cerraron este jueves la tercera ronda de pláticas bilaterales para revisar el T-MEC, tres días de jaloneo fino en la Secretaría de Economía que dejaron algo claro: el tratado sigue en pie, pero el baile apenas comienza y cada quien trae su propio paso.
Los equipos técnicos de ambos países se encerraron del 21 al 23 de julio en las oficinas de la dependencia, en pleno corazón de la capital, para revisar los temas más espinosos de la relación comercial: acero, aluminio, automóviles, seguridad económica, asuntos laborales, agricultura y, por primera vez en la agenda formal, servicios de pagos electrónicos.
El broche político lo puso el jueves por la mañana, cuando la presidenta Claudia Sheinbaum recibió en Palacio Nacional al representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, en una reunión de cerca de hora y media. Ahí estuvieron también el secretario de Economía, Marcelo Ebrard; el canciller Roberto Velasco, y el embajador estadounidense Ronald Johnson. Al salir, la mandataria escribió en redes que ambos países “avanzan en la revisión del T-MEC y acuerdos bilaterales en beneficio de ambos pueblos”.
El tono fue cordial, sí, pero la ronda no soltó prenda de fondo: no hubo reducción de los aranceles del 50% al acero y el aluminio, ni del 25% a los autos, ni un texto acordado sobre reglas de origen. Exnegociadores del tratado ya lo habían pronosticado como un empate a cero goles, y así fue: el partido sigue 0-0 y los equipos se van a vestidores a preparar el siguiente encuentro.
La reunión tuvo, eso sí, un trasfondo que le puso sabor agridulce al cierre. Mientras Greer departía en Palacio Nacional, su propia oficina notificó una nueva tanda de aranceles a unas 60 economías por no frenar las importaciones hechas con trabajo forzoso en terceros países. A México le tocó un 10% adicional, una medida que sustituye a los gravámenes que la Corte Suprema de Estados Unidos había anulado y a otros que vencían justo este 24 de julio.
Ahí es donde el T-MEC sacó el cobre. La Secretaría de Economía confirmó, tras consultas directas con Washington, que alrededor del 85% de las exportaciones mexicanas quedará exento del nuevo arancel por cumplir las reglas de origen del tratado. El 15% restante se defenderá en un proceso de consultas de 45 días, en mesas que encabezará el propio Ebrard, quien subrayó que la medida no cambia el arancel efectivo que México paga hoy.
De fondo, la ronda fue la primera bajo las nuevas reglas del juego. El 1 de julio, Estados Unidos rechazó extender el tratado por 16 años y activó el esquema de revisiones anuales hasta 2036. México aceptó el carril, pero con una condición de fondo: Sheinbaum quiere que esas revisiones funcionen como una lista de verificación y no como una renegociación completa cada año, porque ese esquema, advirtió, no le conviene a nadie de los tres socios.
En la mesa quedaron también las líneas rojas de cada quien. Washington propone que el 50% del contenido de un vehículo sea específicamente estadounidense; México lo rechazó de plano como insostenible y armadores como Toyota lo calificaron de píldora venenosa para la integración regional. Los estadounidenses, por su lado, presionan para que México y Canadá homologuen barreras contra productos chinos, un tema candente considerando que las ventas de autos chinos en territorio mexicano crecieron 30% en el primer semestre del año.
Los números explican por qué la negociación es un asunto de Estado: el comercio bilateral sumó 872 mil millones de dólares en 2025, unos 2 mil 300 millones diarios cruzando la frontera. Las exportaciones mexicanas marcaron récord con 534 mil 874 millones de dólares, mientras el déficit comercial de Estados Unidos con México llegó a 197 mil millones, 17% más que el año anterior. Los asuntos pendientes entre ambos países, eso sí, ya se redujeron de 54 a 14.
De cara a lo que viene, el nuevo embajador de México en Washington, Roberto Lazzeri, puso fecha a la meta: lograr un acuerdo de fondo antes de que termine 2026. El empresariado mexicano, agrupado en el CCE, prefiere aguantar revisiones anuales antes que firmar un mal trato, y apuesta a que Washington extenderá el tratado después de las elecciones intermedias de noviembre. Mientras tanto, en la capital del país la certeza es una sola: el T-MEC sigue vivo, pero cada año habrá que salir a defenderlo como si fuera la final.

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